'Locomía' enseña las bambalinas de un grupo que solo podía entenderse en la España de los 90
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'Locomía' enseña las bambalinas de un grupo que solo podía entenderse en la España de los 90

De la libertad hippie de las discotecas de Ibiza al éxito controlado de los platós de televisión de la España de los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Expo de Sevilla. La docuserie 'Locomía', que llega hoy a Movistar Plus+, va más allá de una mera historia de ascenso y caída de un grupo difícil de entender fuera de su época.

Por Marina Such - 22 Jun 2022

El sueño de Ibiza está vivo en Locomía. Podría ser un eslógan tan válido como el que acompaña a esta docuserie en tres capítulos de Movistar Plus+, "el mayor culebrón jamás bailado". Los tres se estrenan hoy y ofrecen una interesante mirada a un grupo que empezó como una expresión artística y de libertad en la noche ibicenca de finales de los 80 y que murió como un producto musical que consiguió gran éxito a costa de domar esa expresión de libertad.

La dirección de Jorge Laplace hace un ejercicio similar al que ya habíamos visto anteriormente en otras docuseries de la plataforma sobre ídolos de la música, como Lola o Raphaelismo; sitúa al grupo dentro del contexto de la época en la que aparece. Pero al contrario que aquellos dos programas, Locomía cuenta su historia a través de dos polos opuestos: Xavier Font, fundador del grupo, y José Luis Gil, el manager y productor que vio su potencial en el negocio musical.

Sus dos puntos de vista opuestos se potencian en los episodios identificándolos con diferentes colores (rojo para Font, verde para Gil), enfrentando sus declaraciones y encuadrándolos de tal manera que ambos son los "villanos" de la historia, ya que queda claro que la lucha de egos entre ambos fue lo que dio al traste con el grupo. De hecho, cuando acaba la docuserie queda la sensación de que haría falta un programa especial de Sálvame Deluxe que los tuviera a los dos cara a cara.

Cada uno de los tres capítulos cuenta una etapa distinta en la historia del grupo. El primero sigue sus orígenes en Ibiza, remontándose incluso a la adolescencia de Font, deseoso de tener su propia tribu urbana en la noche de Barcelona. Encuentra su oportunidad en la isla balear, que a mediados de los 80 era territorio de hippies y fiestas de famosos en las que no existían aún las zonas VIP ni las tiendas de lujo, y va "reclutando" a chicos jóvenes que, como él, desean vivir su sexualidad y su identidad sin la represión de sus familias y sus lugares de origen.

En el segundo entra en escena el manager, y directivo de Hispavox, José Luis Gil, a quien apodaban "el rubio de oro" y que ve en aquellos cuatro chicos de estilismo dramático y original, y que bailaban con grandes abanicos, el potencial para ser un grupo musical que triunfe en la escena dance. El profesionalismo y las normas de la industria que trae Gil chocan con el afán de Font de seguir controlando su creación y, en medio, los otros integrantes sienten que la libertad que habían sentido al entrar inicialmente en Locomía se ve coartada.

El tercer episodio narra el culmen de la fama del grupo, que estaba a punto de lanzarse en Estados Unidos, aprovechando el fenómeno fan que era en Latinoamérica, y su rápido declive. Font, que llevaba tiempo fuera de Locomía, convence a sus integrantes de que Gil les está robando dinero y que deben de abandonarle, mientras este, que posee los derechos del nombre, responde sustituyéndolos por otros cuatro chicos que cantaban mejor, pero cuyo estilismo y baile eran una devaluada fotocopia del original.

José Luis Gil fue el mánager de Locomía que los llevó a la fama.
José Luis Gil fue el mánager de Locomía que los llevó a la fama.

Locomía cuenta con la ventaja de que prácticamente todos los integrantes de Locomía participan en la docuserie, tanto los que no llegaron a salir de Ibiza como los que entraron en la última fase. Ellos ofrecen el testimonio de lo que representaba ser estrellas internacionales, con apariciones constantes en televisión, teniendo que ocultar una parte muy importante de sí mismos. Porque, aunque España quería enseñar al mundo su cara moderna de los Juegos Olímpicos y la Expo de 1992, la sociedad todavía era muy conservadora para algunos asuntos. Y Gil quería que su imagen pública fuera lo más ambigua posible para no alienar a un público que aún no veía la homosexualidad con buenos ojos.

La sensación de estar reprimidos, de haber perdido la libertad con la que se habían dado a conocer en Ibiza, pesa enormemente sobre todos ellos. La rivalidad entre Font y Gil puede ser lo que motive nuestra curiosidad, pero el meollo de la cuestión está en las experiencias de los demás, los que estaban abrumados por el fanatismo de las seguidoras en Argentina, por ejemplo, o los que no querían seguir en el grupo si eso significaba esconder a sus parejas.

Carlos Armas, uno de los integrantes originales de Locomía.
Carlos Armas, uno de los integrantes originales de Locomía.

La confluencia de la España de los 90, mucho menos moderna de lo que quería admitir, de las presiones de una industria discográfica que estaba, sin que lo supiera, en su última gran época, del conflicto entre creatividad y negocio y, sobre todo, de los celos, los sentimientos de traición y la lucha de egos convierten la docuserie es una mirada muy interesante a la trastienda de una boy band como Locomía. Enseña los hilos que nunca se ven en las actuaciones en televisión o en los conciertos, y los entrelaza con el contexto de la época porque aquel grupo y aquel éxito no puede entenderse sin los 90.

Es curioso, además, que se estrene solo unos días antes de que HBO Max enseñe algo parecido con Menudo, el grupo del que salió un jovencísimo Ricky Martin, en Menudo: Forever Young. Las circunstancias no eran las mismas porque detrás de aquella boy band adolescente había acusaciones de maltrato y explotación hacia su mánager y hasta arrestos por tráfico de drogas, escándalos que acabaron con la existencia del grupo, pero no deja de ser una coincidencia digna de mención.